Es más que rugby en silla

rugbi

De niña era el local donde competía en torneos de Taekwondo. Volví allí hace unos meses para las prácticas pero ayer se sintió distinto entrar al polideportivo: Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo y fue como volver a mi niñez y adolescencia luchando por un trofeo o una medalla.

Ayer se sintió distinto porque no llevaba un quimono sino una silla de ruedas de la que no me avergüenzo y porque pude volver a competir, a sudar, a gritar, a hablar de deporte y estrategia con mis compañeros. Ayer se sintió distinto porque en este deporte, el rugby en silla de ruedas no nos discriminamos por la edad, por el club de fútbol, por un partido político, por donde queda tu casa, por si llegas pagando un taxi, con un auto nuevo o uno que lleva 30 años.

Ayer practiqué deporte “oficialmente” y ayer sentí que por lo menos ese pedazo del Paraguay que es la cancha y el polideportivo no estaba dividido y quise llorar pero como les dije a mis compañeros, no porque recordaba que por allí caminé muchas veces sino porque ahí estaba “mi familia deportiva, mis amigos” ¡Gracias a todos ellos!

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