¿Qué aprendí de mi discapacidad?

Japón: Trabajo, capacitación y diversión

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No pienso que adquirir o nacer con discapacidad sea un castigo, un karma, la pena que tenés que purgar por algo. La discapacidad es una condición adquirida o congénita (aquí puede que me equivoque por omisión)

La discapacidad me hizo llorar mucho a mí, mi familia y amigos, demasiado en algunas ocasiones. Hizo que dependiera de terceros para vivir ya que lo que recuperé de movilidad con mucho esfuerzo no me sirve para ser autovalente, como digo a la gente: soy un bebé de 3 meses en el cuerpo de una mujer.

Pero la discapacidad en parte, también me hizo ser más agradecida con las cosas que sí hago sola: hablar, escribir con un dedo en la computadora y el celular, mover mucho más la silla. ¿Qué irónico no? Agradecer lo que muchos repelen: Ver a una persona que puede movilizarse por medio de una ayuda técnica y yo antes del accidente era una de ellos.

Agradezco a la discapacidad que haya filtrado cariños, sentimientos y saber quiénes  no te fallaran, agradezco que valore todo lo que pude hacer mientras fui una persona sin discapacidad; cada día maravilloso me enseñó algo, cada día de pesadillas e injusticias también pero eso de ser  libre de hacer y decir lo que quisiera, cuando quisiera, de levantarme y salir si no me gustaba un ambiente, de bañarme sola, lavarme el pelo, vestirme …. Todo eso es pasado, un pasado con luces y sombras del cual elijo quedarme con lo luminoso, hermoso.

La vida o quién nos equilibra en un punto, aunque no sea la típica mujer casada, con hijos, que trabaja fuera de casa o se queda a cuidar de ella, aunque aún no haya terminado la universidad y todo sea más lento, a pesar de todo intento aprender de todo y todos.

Estudio, trabajo, practico un deporte (cosa que pensé ya no podría) pago mis deudas, viajo, poco pero lo hago! Me quieren y quiero. Quizás como también dije en más de una ocasión, no camino porque sería demasiada felicidad junta y me olvidaría de quiénes cómo yo pasaron por el trance de caminar y dejar de hacerlo, no sé, pueda que me equivoque con esta afirmación.

Nadie es mejor que yo pero tampoco nadie es peor, únicamente vivimos situaciones distintas y actuamos en consecuencia como somos.

Pd: Gracias a mi abuela Porfi (sin desmerecer a mi abuela Leo)  por todo lo que hizo por hacerme sentir más cómoda los primeros días, semanas y meses desde el accidente; fue y es uno de mis grandes soportes aunque ella crea que por su edad ya no pueda hacer las cosas como antes. Te quiero mucho abuela y estoy orgullosa de llevar tu sangre.

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