¿Para qué caminar cuando podés volar?

Uno escucha diagnósticos más o menos parecidos cuando por algún motivo te ven médicos y en mi caso el primero que me dieron fue el más estúpido y el que peores secuelas dejó en mi cuerpo y en mi vida: “Es un shock emocional nomás”.

Recuerdo nítidamente la sala del sanatorio donde mi papá y el médico de guardia intentaban hacerme parar por sugerencia del recién egresado galeno. Sé su apellido, no sé si sabrá lo estúpido que fue lo que hizo conmigo aquel lejano domingo de febrero del 96. En parte es culpable de mucho de lo que perdí porque no hizo bien tu trabajo o porque no estudió lo suficiente en la universidad ¿pero sabés qué? Le perdoné, porque aprendí a perdonar a la gente estúpida empezando por mi misma. Espero sin embargo que nunca más haya cometido un error tan grande: por mi parte crecí y maduré aceptando mis virtudes y defectos.

Hoy estoy en una silla de ruedas porque me fracturé el cuello y lesioné la médula espinal pues no me inmovilizaron a tiempo. Aquella mañana de abril cuando me dieron el alta médica leí por casualidad mi último reporte: “Cuadriplejía total y permanente”, nunca más en mi vida movería voluntariamente el cuerpo, no tendría sensibilidad al tacto o dolor ni controlaría mis funciones fisiológicas; sería un bebé eterno.

Pero en esa época tenía el espíritu más rebelde y prometí ir contra ese diagnóstico sombrío. Pasaron casi 16 años y muevo mis brazos y un dedo con el que tecla a tecla voy escribiendo para contarte que también recuperé sensibilidad en el cuerpo y que si bien no camino (aún) si hago otras cosas.

Para viajar a Japón no hace falta caminar sino haberse preparado mucho para un desafío enorme y no tener miedo a las alturas, mañana a las 4.30 AM empieza ese desafío para mí. Gracias a una beca de la JICA me voy a capacitar en un Curso de Vida Independiente para Personas en Silla de Ruedas. Voy a pasar 6 semanas lejos de mi familia, mi ambiente, mi país, con gente de otra cultura, costumbres e idioma pero aprendiendo cosas nuevas que me puedan ayudar a mí y a otras personas a aumentar la calidad de vida que llevamos.

Y por esta  vez estoy de acuerdo con la frase: ¿Para qué caminar cuando podés volar?

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