El regreso a casa

nubes
El 1 de abril de 1996 me daban el alta médica en IPS con el diagnóstico sombrío de “Cuadriplejía Total y Permanente” o sea, como ya expliqué muchas veces, iba a quedar inmóvil de por vida desde el cuello hasta los dedos de los pies. Recuerdo poco de cómo fue ese día ahí, mi memoria recién registra el momento en el que le pregunté a quién iba conmigo en la ambulancia:
  • ¿Donde estamos, falta mucho para llegar a casa? Y me respondió.
  • Te aviso cuando estemos cerca.
  • Un rato después me dice:
  • Vamos a doblar en la calle de tu casa.

Sonreí y me alegré, como quién vuelve a su tierra luego de recorrer otros rumbos, de conocer otras culturas sin adivinar que yo misma estaba empezando un camino diferente con palabras y conceptos que antes desconocía. Fue lindo ver el cielo azul fugazmente en el corto trecho que hizo la camilla entre la ambulancia y mi cama.

Recuerdo a todos felices por el retorno, no volvía como había salido hacía casi 2 meses, caminando pero estaba ahí, con ellos, viva y eso era lo que importaba.Grande fue el cambio en mi casa para que pudiera estar bien: mi dormitorio se mudó a la sala porque como tenía (y tengo) muchos amigos y muchas visitas era más cómodo recibirlos ahí, para que no atravesaran toda mi casa y que así mi familia no perdiera privacidad.

De mi grupo de amigos de aquel entonces, dos iban sin falta: Gustavo y Cacho; el último se volvió mi mejor amigo y mi hermano mayor desde el corazón hasta hoy. Gustavo también estuvo muchos meses y entre los 3 nos divertíamos un montón. Ellos venían de tarde y nuestra rutina era ver tele hasta la madrugada y comer la cena que muchas veces me preparaban especialmente; sus ensaladas tenían siempre como decoración una carita sonriente hecha de tomates, cebolla y locotes al igual que las pizzas. Azu y su hijita Sascha tampoco faltaban al igual que María Inés, así cada fin de semana podíamos estar juntos todo el tiempo y eso yo lo adoraba. Hasta subieron la tele sobre el estante de libros de la sala para que pudiera compartir con ellos.

Mi día a día hasta ser admitida al centro de rehabilitación era rutinaria. Cada tanto me cambiaban de posición en la cama con un montón de almohadas porque aunque tenía el colchón para evitar problemas de heridas en la piel no debía estar más de 2 horas en una misma posición. Cuando el turno era mirar  la pared y si estaba sola es que pensaba mucho.

Un médico me había dicho que en 1 año volvería a caminar pero mi parte lógica asumió que eso era un poco difícil, dadas las condiciones, aunque mi corazón siempre mantuvo la esperanza de que algo iba a cambiar pero para bien por más que caminar llevara más de 1 año. El tiempo dio la razón a la mentira piadosa de aquel médico, creo que en verdad quiso decirme que: “En 1 año te vas a dar cuenta de que las cosas nunca más serían del mismo modo”Y no lo son.

Mucha gente ya no está conmigo. La persona que decía amarme sólo un tiempo antes me visitó un par de veces y luego se esfumó de mi vida cosa que no sucedió con su mamá que me visitó más tiempo, una señora adorable por quien siempre tuve gran afecto pero por razones que impone el vivir dejó de venir; ella era el único hilito muy fino que aún me conectaba a él.

Hoy mi corazón para con ese hombre está en paz, fue mi segundo amor y guardo para mí sólo los momentos más lindos del tiempo que la vida nos mantuvo unidos, así que pensar en lo malo sólo mancha un amor inmenso que supo despertar en mí pero que murió en el tiempo por muchas circunstancias. Con mi primer novio fue muy diferente: la que fuera  nuestra compañera de colegio y con quien él llevaba mucho tiempo de novio tiene el corazón tan lindo como él, así que sus visitas frecuentes no la molestaban; él solía visitarme bastante, solo o con otro excompañero, Martín y armaban una revolución con cada visita porque él es una persona muy bromista y de risa contagiante por lo que era fácil divertirse teniéndole cerca.

Pasó ya mucho tiempo, mi vida anterior al accidente murió con la lesión que adquirí y no la extraño, de verdad. Hoy sólo quiero seguir manteniendo mi equilibrio emocional y mental, tener experiencias parecidas o mejores a las anteriores y seguir soñando, seguir trabajando duro por llegar a mis metas. Hoy puedo decirte que soy igual a vos, ni más ni menos, sólo nos diferencia algo: vos te movés con tus piernas y yo …. sobre una silla de ruedas.

Gracias por estar, por leerme, por seguirme, por quererme, por ayudarme, por aceptarme y por no olvidarme.

La primera vez que volví a mover un brazo

2 comentarios en “El regreso a casa

  1. Shirley Cajes dijo:

    Abejita hermosa y de corazón puro y enorme! me conmoviste hasta las lagrimas! pero hay algo que tenes contigo: tu fuerza enorme de gladiador. Nunca te rindas que rendirse es solo para personas que no saben que Dios nos regala cada día una razón para vivir y para agradecer.

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