Diego Rafael : Amigo

corazon

Anoche caí en la cuenta de cuán rápido pasó el tiempo y debo confesarte Diego que me sentí un poco culpable por olvidar cuantos años pasaron desde que estás ausente. Sabés, muchos de mis recuerdos en diciembre giran en torno a los años en los que fuimos amigos y casi hermanos pero también alrededor del 28 de diciembre de ya no sé que año cuando cerraste tus ojos para siempre.

Recuerdo que pasabas por casa con tus hermanas Brenda y Astrid, bebitas todavía, íbamos a la panadería de tus padres a envolver docenas y docenas de pan dulces y luego con esa picardía tan tuya me invitabas a repartir los paquetes por tantos almacenes y despensas. Recuerdo las charlas en tu cocina, con tu mamá y con tu tía, y que nunca te olvidabas de traerme el paquete de pan sobadito para acompañar mi almuerzo. También recuerdo la noche en la que ibamos a salir y se me rompió el taco de un zapato, a los 10 minutos apareciste con un par igual y me dijiste que me los pusiera sin preguntar. Eran nuevos! Unos días después vi esos zapatos entre las cosas de tu mamá jajaja, obvio que no le conté que antes los había estrenado yo gracias a vos.

Tengo que hacer un gran esfuerzo para no llorar mientras voy rebobinando nuestros días de adolescencia, nuestras travesuras, nuestras peleas, nuestra complicidad. Eras muy terrible! Y se lo decía a Ña Anto, tu mamá y ella respondía que no, que sólo eras travieso. Muchos años me dolía mirarla porque en sus ojos te veía a vos, y en sus ojos veía tristeza, una tristeza demasiado grande, dolía Diego, mucho.

Cuando me dieron el alta luego del accidente viniste una noche de sábado, me cargaste en tus brazos y me sentaste a tu lado, como tu copiloto, como tantas veces y me diste un paseo por toda la ciudad. Decías que pronto volvería a estar por ahí, que así querías verme otra vez, libre, recuperada como si todo hubiese sido solo una pesadilla.

Un 24 de diciembre viniste a casa, era la última vez que iba a verte, nosotros no lo sabíamos, me traías el pan dulce, igual a aquellos que solo un año atrás empaquetábamos y repartíamos. Al despedirte dijiste “Nos vemos el 31!” pero eso no sucedió más…el 28 nos dejaste, tan de golpe.

Nunca fui a visitar el lugar donde descansás para siempre pero te juro Diego que paso por tu casa y miro el balcón de tu pieza como un modo de decirte que no te olvido, de que te extraño. Puedo no recordar fechas amigo querido, pero nunca me olvido de tu bondad, de tu manera tan particular de hablarme, de tus bromas, eras un diablito pero tenías un corazón muy noble.

Ahora otra persona es mi mejor amigo acá en la Tierra, vos le conocés y como pasó contigo mucha gente no se cree que un hombre y una mujer puedan tener una relación de amistad desinteresada. Me basta con que nosotros lo sepamos.

Gracias por haberme hecho parte de tu vida y tu familia, gracias por haber confiado en mí, gracias por tantas cosas lindas…un abrazo desde aquí hasta el cielo. Nunca te vamos a olvidar.

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